Hablemos de depresión

La depresión no es un problema de actitud, o como muchas personas piensan, que solamente falta algún proceso químico a nivel cerebral, en realidad es un tema mucho más complejo, en el que influyen muchos otros factores.
Datos del Ministerio de Salud arrojan que en Costa Rica, son las mujeres, las que más sufren de depresión. Los hombres también se ven afectados, pero en menor medida.
La depresión puede afectar a cualquier persona, de cualquier edad, y se caracteriza por un bajo estado de anímico prolongado y una pérdida de interés por realizar actividades.
Según datos del Ministerio de Salud, la provincia de Puntarenas es la que más casos de depresión presenta, seguida por San José y Alajuela en el tercer lugar.
Las características principales de la depresión afectan al humor de la persona, entre ellos están la tristeza patológica, apatía, desgano, pérdida de interés y la incapacidad de disfrutar, entre otros.
Generalmente, el paciente puede experimentar sentimientos de inutilidad, culpa y desesperanza. En muchas ocasiones, pueden sentir irritabilidad.
Algunos de los factores que se conocen en la actualidad que pueden desencadenar este trastorno, y que generalmente están interconectados, son predisposición genética, antecedentes familiares o desbalances neuroquímicos.
Así como hábitos no saludables, alimentación inadecuada, malos hábitos de sueño, uso de sustancias psicoactivas, enfermedades, cambios en el cuerpo, embarazo y procesos hormonales.
También es importante resaltar que existen condiciones del entorno que pueden interferir,
como el estar expuestos a violencia, condiciones socioeconómicas difíciles, estrés laboral, incluso los entornos y zonas en que vivimos.
Naturaleza, una buena medicina
Reducir la presión arterial y mejorar la cognición y la salud mental son solo algunos de los beneficios documentados de pasar tiempo en espacios "verdes" y "azules".
La exposición a bosques, parques, jardines o costas puede incluso mitigar el impacto psicológico del cambio climático, apoyar la actividad física y ofrecer oportunidades de interacción social y lugares para relajarse y dejar de lado por un rato el estrés cotidiano.
Las personas que visitan espacios verdes cinco o más veces por semana consumen muchos menos medicamentos psicotrópicos, antihipertensivos y para el asma que las que pasan menos tiempo en la naturaleza.
Cuando estamos en la naturaleza, en general funcionamos a un ritmo diferente, esto nos estimula sensorialmente y nos permite asimilar lo que vemos, oímos, olemos y sentimos. Nos ayuda a estar plenamente presentes.
Cuando la gente pasa tiempo al aire libre, suele hacerlo caminando, corriendo, montando en bicicleta o cuidando el jardín. En estos casos, la combinación de movimiento y paisaje natural puede duplicar los beneficios.
Los olores, las vistas y los sonidos de la naturaleza calman nuestros sentidos.
Caminar lentamente por un bosque e inhalar sustancias perfumadas llamadas fitoncidas, que liberan los árboles, reduce la tensión arterial de las personas, alivia los síntomas depresivos y mejora su salud mental.
La teoría de la restauración de la atención, propone que la exposición a la naturaleza ayuda a aliviar la fatiga mental y mejora la capacidad de concentración.
La exposición a sonidos naturales, por ejemplo de aves y animales, viento y agua, en parques nacionales; se asociaban a una reducción del estrés y las molestias, una disminución del dolor y una mejora del estado de ánimo.
La ausencia de ruido y las cualidades reparadoras de los espacios verdes fomentan la atención plena, lo que a su vez reduce el riesgo de trastornos de ansiedad y depresión.
Se recomienda incorporar en casa plantas verdes, fotografías o cuadros de la naturaleza o escenas costeras, así como aromas del mundo natural, con flores aromáticas o aceites esenciales como lavanda, rosa, limón o romero.
Si bien conectar con la naturaleza, no sustituye la terapia psicológica, es un buen recurso que podemos utilizar tanto como prevención, como estrategia durante procesos de intervención psicológica.
En estos procesos aprendemos a calmar los síntomas:
Fisiológicos (malestares en el cuerpo).
Emocionales (emociones displacenteras).
Cognitivos (Pensamientos negativos).
Conductuales (acciones que solemos tener, las cuales muchas veces, en lugar de ayudarnos, nos hacen más daño).
Esto ayuda a mejorar nuestra forma de ver el mundo y actuar ante él, así como nuestras relaciones interpersonales, las cuales generalmente forman parte de nuestros problemas más importantes en la vida.
Si padece o conoce a alguien que sufra trastornos de depresión, acuda a su centro médico más cercano. Ahí encontrará especialistas de la salud que están dispuestos a ayudarle en este proceso. Recuerde que no está solo.
























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